Palabras que delatan…
por un cuentero!
Imagínenlo, él, si él, era el hombre más perfecto del mundo y mientras hablaba con uno de sus grandes compañeros de vida, reflexionaba su pasado y empezó a decir:
- No es fácil, contestar tu pregunta compañero, pues me hice policía por razones adversas, por cambiar de vida, por luchar con la injusticia y porque Dios me ofreció una segunda oportunidad para recuperar mi hogar y ser feliz.
No me creerías si te cuento, pero está bien, voy a intentarlo cómo me dices, sólo escucha atento, pues con ella murió la traición, y después de ella nadie podría separarme de mis grandes amores de mis dos mujeres.
No fue locura, debo decírtelo, no la maté porque esté loco pero te confieso que ciertamente fue premeditado, pues dejarás de tomarme por loco, cuando hayas terminado de escucharme sobre cómo descubrí su engaño y cómo logre matarla.
Terminada la semana, después de ser día a día atormentado por los chantajes del hombre de gabán negro y diente de oro, empecé a atar cabos.
No era fácil por supuesto, no sabía quien me estaba fallando si la mujer que vivía conmigo, con quien compartía mi cama, o esa dulce chica que había conocido en el tranvía.
Pero tienes razón, no sé como pude dudar de la mujer que tanto me demostraba amarme pero bueno, ciertamente me creía enamorado de la chica del tranvía y después de haber salido en dos ocasiones y a sabiendas de que su “esposo” viajaba y ya no se ocupaba de ella, le pedí que me permitiera consentirla, amarla como sólo ella merecía; propuesta que obviamente ella no debía rechazar y que por azar del destino no lo hizo.
Por cada lugar que le pedía nos quedáramos, ella prefería decir que no, fue entonces cuando me hizo pensar que no seria capaz, porque sus principios morales no se lo permitían, que nunca pasaría una noche junto a mi porque aunque me amaba no sabia si su cargo de conciencia le permitiría vivir, fue entonces, cuando se bajó del taxi y en ese mismo instante en que yo la seguí, estábamos frente a un hotel y con sólo besarla la llevé hasta la habitación.
Estando ya allí desnudos y a punto de amarnos, entró armado el tipo del gabán negro y diente de oro, con quien luche por defenderla pero al darme un fuerte golpe me dejo inmóvil y nos gritó la falta de delicadeza, por no haber pasado la llave a la puerta de la habitación y mientras ella temblaba en la cama; yo en el suelo no podía soportar el dolor de aquel duro golpe.
Fue tarde cuando despertando noté que ella sollozaba, sollozaba como si muriera mientras él la violaba, la violaba en mi presencia y yo impedido no podía hacer nada.
Cuando se fue, se llevó también con nuestro secreto y nuestra honra, las billeteras. Obviamente no podíamos dar parte a las autoridades, pues qué les diríamos: “miren señores policías mientras intentábamos serles infieles a nuestras parejas nos asaltaron la violaron y necesitamos que identifiquen a un ladrón que nos llama a chantajearnos y al cual yo le he dado todo el dinero que he ahorrado por años para la operación de mi hija que si no es intervenida con un transplante de riñón morirá”, claro que no, por supuesto que era imposible hablar a la policía y menos cuando él nos lo tenía más que advertido.
En ese afán por no perder contacto con ella, y a punto de perder mis dos mujeres – mi esposa y mi hija – me dispuse a seguirla, porque algo me hacía desconfiar de ella, tal vez sus palabras cuando dijo que el hombre de sus sueños era como yo, pero con un poco más de dinero y un diente de oro, luego recordé que fue ella quien no cerro la puerta del hotel con llave, que en mis papeles no estaba ni mi número fijo ni móvil, que sólo ella y mi esposa los tenían, y que nadie además de ellas dos, sabía la cantidad de dinero que había ahorrado para el transplante de mi hija…
Todo fue tan obvio en ese momento, y si, era ella, debía ser ella y no mi esposa pues mi esposa no podía tener conexión con el hombre del gabán negro y el diente de oro, pues si, ya estaba seguro era ella, era la misma mujer dulce la que ahora abrazaba a ese hombre, una mujer que no lloraba cuando él la tocaba sino que ahora se encontraba entre sus brazos y frente a su diente de oro, sonreía, disfrutaba de lo que le quedaba de vida, porque pronto fue cuando los vi entrar al mismo hotel, pero claro si era de ellos, quienes de la misma forma que a mi, hicieron caer en bancarrota a un reconocido dueño de hoteles.
Entonces, permití que se encerraran en la misma habitación en la que me engañaron, haciéndome creer que ella sufría mientras él como tantas veces, le hacia el amor… paso a paso cómo lo había planeado, proseguí a separar una habitación conjunta para mí.
Al día siguiente, mientras todos dormían forcé un poco el cerrojo de su habitación y del mismo modo, los ataqué armado pero esta vez no hubo peleas ni discusiones ni gritos sólo disparos directos al cuerpo de ella, la mujer que él amaba, la mujer que él utilizaba para hacer fortuna.
Si, estaba muerta, totalmente muerte con 3 disparos en su cuerpo, uno de ellos directo en el corazón físico porque ella nunca tuvo sentimientos pues de haberlos tenido no me hubiera destruido.
Cuando hube terminado mi deber, eran las cinco de la mañana pero parecía darse la misma oscuridad de la media noche y mi corazón turbado no se reconciliaba con mi mente, sin embargo regresé a mi habitación por eso, cuando él pudo reaccionar no me encontró ni entendió hacia dónde me había ido en tan pocos minutos, y mientras bajó hasta el primer piso a buscar ayuda y llamar a la policía y una ambulancia, entré de nuevo hasta el cadáver, probé de una vez más sus labios amargos y cambie las armas, ya no era yo el asesino, sería él cuando policías como tu y yo llegaran.
Apenas todo se revolucionó en el hotel, me acerqué al recepcionista para solicitar las maletas a mi nombre que se guardaban allí y valla sorpresa cuando recibí la maleta que por supuesto me pertenecía, con todo el dinero de la operación de la niña, pues no la habían vaciado ni cambiado de inscripción.
Al volver a casa, sin poder ver a los ojos a mi esposa le pedí perdón y entregué todo el dinero.

